Vivir con todo en mitad de la nada: La vida nómada en Mongolia

Amanece en el valle de Orkhon y Jaaya ya se mueve sin parar, entrando y saliendo de su hogar. A sus 58 años y con un rostro acentuado por el sol, el frío y el viento, representa uno de los muchísimos mongoles que viven en un ger. Desde los tiempos del mítico héroe mongol Gengis Kan, se comenzaron a utilizar, y todavía hoy son el lugar favorito para vivir en el campo o en la ciudad, por familias completas.

ger mongol

En el de la derecha dormimos un par de noches bien calentitos 🙂

La estructura del ger es circular y visto desde fuera uno no percibe lo espacioso que puede llegar a ser por dentro. Todos los laterales están ocupados, y de alguna manera los espacios de un hogar, creados y organizados. Varios sofás que hacen las veces de camas al llegar la noche. Muebles donde colocar objetos, fotos, o incluso un pequeño altar de rezo. Un lavabo, sin agua corriente, pero con un pequeño depósito de agua para poder lavarse la cara o los dientes. El centro del ger lo ocupa el horno chimenea donde se cocina y que da calor. Para las aguas mayores hay que salir del ger y buscar un lugar acorde.

ger interior mongolia

El día que Jaaya descubra que publicito su ger por las redes, lo mismo me busca a caballo por medio mundo

Jaaya normalmente vive aquí con su mujer. Estos días, nos cuenta, ella ha tenido que viajar a Ulan Bator para asistir al sepelio de algún conocido. Entre ambos tienen dos hijos, ahora en la ciudad. Varias fotos reposan en uno de los pequeños estantes de una colorida y ornamentada cómoda, que hace las veces de altar familiar. Se pueden ver cálidos episodios de la vida de sus retoños.

caballos rebaño establo mongolia

Así que estos días, le toca estar solo y tendrá que vérselas para cuidar de los 50 caballos y 100 cabras que pernoctan en su establo, y lo que es peor, de un par de animalitos, más domésticos y menos acostumbrados a estos entornos, como somos nosotros 🙂

Hemos sobrevivido a una gélida noche en mitad de la nada, en parte gracias a las tres veces que se ha levantado nuestro anfitrión para alimentar el hornillo central que preside el ger. Sabe que como extranjeros no estamos acostumbrados a las temperaturas invernales de Mongolia. Pese a la gruesa capa de fieltro (lana de oveja) y otras capas aislantes, que recubren toda la arquitectura del ger, sin un sistema de calor contundente, el frío se las apaña para hacer acto de presencia a las pocas horas de estar allí. Por eso Jaaya usa excremento de animal seco en el horno, con un poder calorífico mucho mayor y mayor tiempo de combustión.

ger interior

Un ger (o yurta) cuesta unos 1000 euros. Entre varios mongoles pueden montarlo en unos 30 minutos. Estoy seguro que nosotros emplearíamos varias horas o días… Con estas facilidades, es comprensible que Jaaya cambie el suyo de ubicación según la estación, para evitar zonas de más frío, en invierno, o buscar lugares más frescos, en verano.

caballo mongol nómada

Ya con los músculos desentumecidos, emprendemos un fresco paseo matutino por el pintoresco valle, a lomos de los asustadizos caballos mongoles. Riachuelos helados, caballos salvajes campando por laderas cobrizas, entre yaks, vacas y cabras. Paz y armonía en esta estepa caprichosa con laderas y vaivenes.

De regreso a lo que será nuestro hogar durante un par de días, disfrutamos una vez más del cálido momento en que entramos en el ger y  se puede sentir el calor seco e intenso del interior. Cada poro de tu cara se relaja y todas las capas de ropa sobran.

valle orkhon

El incombustible Jaaya se pone las pilas y ya limpia en su rudimentario horno multifunción una especie de wok para cocinar. Sale fuera para elegir algo de comida. Lo único que no tienen dentro del ger es frigorífico o congelador. Con temperaturas medias durante 6 meses de -15 grados es un bien innecesario. Todo lo que esté fuera del ger sirve para conservar. En verano, la dieta de los gers suele ser más variada. Toman leche y derivados lácteos, como queso, yogurt e incluso una especie de cerveza casera fermentada. Sin embargo en invierno, se lamenta, mientras nos sirve un cuenco a cada uno, el menú suele ser un poco más repetitivo. Carne de oveja, cabra o incluso camello (según la zona) cocidas en sopa y con bastante grasa. De alguna manera hay que combatir el frío. Por suerte,  su esposa dejó listas unas empanadillas para la fiesta del Tsagaan Sar (rellenas de cabra, eso sí) y nos las ha preparado al vapor.

valle orkhon caballo mongol

Los mongoles sorben, con cierto estruendo, al comer. Consideran que así las calientes comidas invernales se enfrían antes. En realidad, es una costumbre más, pero llama la atención en el momento en el que se juntan varios mongoles en la mesa por la sonoridad dominante.

Nos pertrechamos para pasar la última noche bajo la protección patriarcal del atento y jovial Jaaya. De pronto, suena un soniquete similar al de un teléfono. Y sí, ¡es un teléfono! En mitad de la nada, en un ger de Mongolia hay teléfonos. La sorpresa inicial se convirtió en rutina al comprobar que es bastante habitual en los gers contar con tecnología. La vida nómada debe hacerse algo menos dura con una línea de teléfono (móvil, evidentemente, aunque adaptada a un aparato fijo) y con un pequeño aparato de televisión, donde asomarse a la ventana del mundo.

caballos mongolia invierno valle

Estos pequeños caprichos modernos no restan dureza a la vida nómada, desde un punto de vista occidental. No hay agua corriente, deben obtenerla de pozos y luego hervirla para su consumo, y en líneas generales, estás aislado, para lo bueno, y para lo malo.

La vida nómada en Mongolia no está asociada a la pobreza. En realidad, es un estilo de vida. Dentro de un ger, viven familias enteras, unas mejor acomodadas que otras, con ordenadores e incluso electrodomésticos, y otras más humildes, como ocurre en toda sociedad. Los de ciudad suelen estar mejor equipados que los que están en mitad del desierto. Y por supuesto la decoración es algo muy personal y depende de cada familia.

paisaje invierno mongolia

Hay quien al jubilarse, se va a vivir al campo a un ger. Hemos comido en gers de paso, en mitad de pistas del desierto, que hacen las veces de motel-restaurante de carretera. Por supuesto cada vez le sacan también más rentabilidad al turismo, para que podamos experimentar la alucinante vida nómada.

Toca despedirnos de Jaaya. Él seguirá viviendo allí con su admirable vida nómada, rodeado de laderas, con un silencio estruendoso sólo roto por el viento. Nosotros nos seguiremos adentrando en el Gobi para conocer más a fondo la geografía mongola. Tras un abrazo y las fotos de rigor, nuestro 4×4 arranca valle abajo para recuperar la senda perdida.

Es prodigioso ver cómo existen otros tipos de vida tan diferentes a los que conocemos. Poder vivenciarlos y acercarse a ellos durante algunos días, una suerte.


Viajar y adentrarse por Mongolia puede resultar complejo. Hay pocas carreteras, las indicaciones son escasas y es muy fácil perderse por el descomunal desierto. Por esa razón, dentro de nuestra vuelta al mundo, optamos por adentrarnos en el país, con una agencia local. De todas las agencias que bicheamos, nosotros confiamos en Wind of Mongolia y creemos que ha sido un acierto viajar con ellos. Todo el recorrido fue según lo acordado, no tuvimos ningún problema y fueron 100% profesionales. En relación calidad/precio creemos que es una opción muy interesante para viajar a Mongolia y por eso nos animamos a recomendarlos. 🙂

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6 Respuestas

  1. Alfonso dice:

    Espectacular relato. Muy bien contado. Un abrazo, Alfonso

  2. David dice:

    Gracias Alfonso!!!! Un abrazo grande!!

  3. Jose dice:

    Increible y muy practico! Tomo nota de la agencia recomendada.
    Con ese tour recomendado cubro lo esencial o ademas de eso deberia contratar otros extras diferentes circuitos? De cuanto tiempo fue? Puedo preguntar el precio?
    Gracias!

  4. David dice:

    Hola Jose, gracias por tu comentario. Me alegro que te haya gustado.
    Depende mucho de lo que quieras hacer en Mongolia. Es un país muy muy grande. Para nosotros, en 8 días sí que fue suficiente para ver lo esencial, como tu dices. Es cierto que nos dejamos algún lago en el norte, alguna montaña por subir, y depende también mucho de si te interesa acudir a alguno de los muchos festivales que tienen en el país. Pero en general, sí, en 8-10 días te da con creces para ver lo más importante y espectacular de Mongolia.
    En cuanto al precio, creo que es mejor que hables con ellos directamente, porque hacen los tours a medida y depende del número de personas, etc.
    Escribe a Amaraa (windofmongolia.es@gmail.com) habla español y te podrá ayudar.
    ya me contarás si finalmente vas, cómo te resulta la experiencia!

    saludos!

  5. Jose dice:

    Gracias!!! Me lo apunto! Te sigo

  6. alberto dice:

    hola que interesante , no entendi como le hciste para estar en un ger de una familia mongola, quisiera experimentar esp.

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